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Faustino
Espinoza, creador del primer guión teatral del Inti Raymi. |
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Antes de la llegada de los españoles los incas adoraban al sol por ser la fuente principal de vida. El Inca era hijo de ese sol, al que evocaban cada 22 de junio en una fiesta llamada Inti Raymi. En esa fecha se produce el solsticio de invierno, momento en que el sol se encuentra en el punto más alejado del ecuador. Quizás por eso, para que la tierra no se aleje del Dios, perdiéndose en las oscuras profundidades del universo, los incas lo invocaban cada año: así sus cosechas serian abundantes y no caeráa el hambre sobre el Tawantinsuyo. En el Cusco sólo vivían la familia real, los sacerdotes y personajes influyentes. Unicamente el 22 de junio, algunos simples habitantes -de acuerdo a sus méritos- podían ingresar al Cusco y participar en la fiesta religiosa que se celebraba en lo que es hoy la Plaza de Armas de la ciudad. Entonces se llegaba a reunir un promedio de 50 mil personas, quienes llevaban ofrendas para el Inca. Todos debian guardar ayuno durante nueve días, para luego festejar otros tantos de ininterrumpida fiesta. El Inca ofrecía un gran banquete: asados y panes de maiz. Corría la chicha de jora como ríos de risa, y el mate de coca, para nunca emborracharse, nunca dormir. En 1572 el Virrey Toledo prohibió estas celebraciones por considerarlas paganas. El Inca redivivo |