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Fiesta en el Cusco
A las nueve de la mañana el sol hace estallar los colores. De pronto aparece el Sapan lnka Apu Tayta, el hijo del Sol. Desde el Qoricancha, invita al pueblo a participar en la ceremonia que terminará nueve horas más tarde en la explanada de Saccsayhuaman.

El Inca es llevado en andas por sus cargadores hacia la Plaza de Armas de la ciudad. Cien pututeros soplan a todo pulmón las caracolas anunciando su llegada. Con ellos baja tambien el pueblo portando estandartes. A corta distancia, un grupo de mujeres barre los espiritus malignos con ramas de cedroncillo. Unas treinta Nust'akunas derraman en las calles las flores amarillas del árbol de retama. Otras tantas llevan cestas de mimbres con frutos, tubérculos, idolos y amuletos de oro. Todos caminan danzando en compás de cuatro. Se siente el sordo sonar del pututo, la dulce quena, el serio tambor.


En la Plaza de Armas el Inca desciende del anda y sube al altar llamado Usnu. Desde allí invita al alcalde de la ciudad, en un acto simbólico, a trabajar juntos por la prosperidad del pueblo. Luego irrumpen los bailarines con bellas coreografias. El conjunto de actores se dirige caminando, en un duro ascenso, hasta la fortaleza de Saccsayhuaman.

Saccsayhuaman está repleto. Mezclado está el pueblo, color cobre, con el pálido turista. Las mamachas venden asadito de chancho y allí no hay cólera que valga. Chicha morada para los abstemios, y chicha de jora para acompañar la fiesta.

El Inca llega a las imponentes ruinas. El público apura los últimos bocados: son aquellos que han pagado una entrada para sentarse en las butacas, a prudente distancia del escenario.


El Inca sube al Usnu, y con él la corte: su hijo Auki, el sumo sacerdote Willaq Uma, el ministro Kallpa Rikuq, los cuatro Wamink'a, generales del ejército incaico, cuatro Hamaut'akuna, científicos, seis héroes, Auwqphuru, cuatro sacerdotes militares, Chakuricuna, y dos guardianes de templos, los Kamani.

Cuando los veinticuatro actores encuentran sus lugares, el Inca se pone de pie. Alzando los brazos hacia el sol, entona, siempre en quechua, un himno cuya traducción sería: "Poderoso sol de la felicidad eterna, cálida fuente, principio de vida, padre poderoso de todo lo creado..."