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El Inca es llevado en andas por sus cargadores hacia la Plaza de Armas de la ciudad. Cien pututeros soplan a todo pulmón las caracolas anunciando su llegada. Con ellos baja tambien el pueblo portando estandartes. A corta distancia, un grupo de mujeres barre los espiritus malignos con ramas de cedroncillo. Unas treinta Nust'akunas derraman en las calles las flores amarillas del árbol de retama. Otras tantas llevan cestas de mimbres con frutos, tubérculos, idolos y amuletos de oro. Todos caminan danzando en compás de cuatro. Se siente el sordo sonar del pututo, la dulce quena, el serio tambor. |
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En la Plaza de Armas el Inca desciende del anda y sube al altar llamado Usnu. Desde allí invita al alcalde de la ciudad, en un acto simbólico, a trabajar juntos por la prosperidad del pueblo. Luego irrumpen los bailarines con bellas coreografias. El conjunto de actores se dirige caminando, en un duro ascenso, hasta la fortaleza de Saccsayhuaman.
El Inca llega a las imponentes ruinas. El público apura los últimos bocados: son aquellos que han pagado una entrada para sentarse en las butacas, a prudente distancia del escenario.
Cuando los veinticuatro actores encuentran sus lugares, el Inca se pone de pie. Alzando los brazos hacia el sol, entona, siempre en quechua, un himno cuya traducción sería: "Poderoso sol de la felicidad eterna, cálida fuente, principio de vida, padre poderoso de todo lo creado..." |